Encarni Moreno Zambudio (Murcia, octubre de 1979).
Arquitectura, Universitat Politècnica de València. Profesora Titular de Matemáticas en el Centro de Formación Forma Espai, en Valencia.
Educadora especializada en la enseñanza de Matemáticas en los cursos de E.S.O. y Bachillerato, y creadora del método Esquemática para el desarrollo de esta disciplina.”
Arquitecta de titulación y profesora de Matemáticas de profesión. He llegado hasta aquí porque mi vocación insistió en buscarme durante toda la vida, hasta que me encontró y ya no pude negar la evidencia.
Nuestra historia (la de las Matemáticas y yo) no empezó muy bien. Aparentemente sí, pero era todo mentira. Me explico: Fui una alumna excelente, con notas extraordinarias y, sin embargo, no entendía nada de lo que hacía en esta asignatura. Era la chica con mejores notas de la clase, así que ese listón estaba muy alto y no podía permitirme bajarlo, ya que supondría destapar la trama de ignorancia que llevaba sosteniendo durante mis años en BUP.
Concretamente, en Matemáticas, no distinguía entre operación y ecuación, ni entre estas y las funciones, que me llevaban de cabeza. Sufría muchísimo a la hora de representar una función y me dedicaba a sacar puntos y unirlos como si de un pasatiempo de niños se tratara. Después hacía los pasos que me había aprendido de memoria para aparentar que el dibujo era el resultado de todo un proceso matemático previo, tal y como insistía el profesor en clase sin que yo entendiera nada de lo que hacía en la pizarra.
Recuerdo que mi profesor llegaba trajeado a clase, con una tiza entre los dedos, sin libro ni material. Preguntaba: “¿dónde nos quedamos ayer?”, miraba la libreta de primera fila y seguía exactamente en el punto donde se había quedado.
Esto a mí me desquiciaba porque me hacía intuir que existía UNA LÍNEA de las Matemáticas donde se podía leer directamente todo el temario, un orden claro, mientras yo sufría un caos.
Intuía que todo el profesorado de Matemáticas disfrutaba de esa línea mental maravillosa, la veían clarísimamente y podían moverse por ella con libertad, por eso distinguían ecuaciones de operaciones y sabían cuándo tachar denominadores, por ejemplo, y yo no. Así que aprendí a memorizar los pasos que debía hacer sin ser capaz de entender nada de lo que hacía, y logré sobrevivir al sistema, además, con excelencia.
Mi estrategia peligró durante un momento en 3º de BUP, cuando taché sumandos de una fracción, generando un error matemático imperdonable, tal y como lo denominó mi profesor, provocando un cero en un examen de Trigonometría de diez preguntas con nueve bien hechas.
Aquello me hizo sufrir muchísimo. De hecho, esta historia está llena de sufrimiento, ya que tenía muy claro que mi camino eran las Ciencias, pero esta asignatura y mi tapadera me lo estaban poniendo muy difícil.
¿Cómo he llegado hasta aquí? Por falta de asertividad al no saber decirle NO a propuestas externas que veían en mí un gran potencial mientras yo me dedicaba a sostener la apariencia de excelencia.
Estando en Arquitectura, con un temario enorme y complejo, me propusieron ayudar en Matemáticas a dos hermanos que cursaban ESO. Uno de ellos era muy inteligente pero poco trabajador, y el otro dedicaba muchas horas al estudio sin ver frutos a su esfuerzo. Así que cogí ambos temarios y “traduje” esos contenidos a su edad y a la manera de ser de cada uno y ahí descubrí cuatro cosas:
Durante muchos años, del 2004 al 2012, fui confeccionando esquemas para aclarar este temario y la LÍNEA se iba haciendo. Todo tomaba sentido. El orden del contenido de la asignatura de Matemáticas existía, la cohesión de la que tanto nos hablaron era cierta, pero, por algún motivo, no la percibíamos así, ni mi yo adolescente ni mis alumnos adolescentes.
Esta tarea fue a más, con más alumnado, más cursos, mayores dificultades de aprendizaje y en 2012 advertí que la solución a todos los problemas en la asignatura de Matemáticas que tiene el sistema en el grueso ESO-Bachillerato podían paliarse haciendo visible esa LÍNEA mental matemática. Había de darle forma más allá de los folios sueltos que iba repartiendo con mis esquemas. Algunos se perdían o los ordenaban mal.
Finalmente, en 2017 le di forma de cuaderno y plasmé esa LÍNEA en lo que ahora conocemos como ESQUEMÁTICA.
Después de años ordenando, traduciendo y dando forma a esa línea matemática, hoy puedes encontrarla en los cuadernos ESQUEMÁTICA.
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